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El CD todavía es una opción
Hace un par de días me compré el disco Greatest Hits de The Cure en la Fnac a unos 7 euros (6.25 por ser socio). Entonces pensé cuánto costaría la misma recopilación, de 18 canciones, en la iTunes Store. Asombroso: 9.99 euros. Es decir, que sale más caro pagar solamente por un formato digital que por uno físico. Pero no sólo eso, sino que el álbum de B. B. King Live At The Apollo que estuve a punto de comprar cuesta lo mismo en ambos sitios. ¿Me puede alguien decir dónde está la gracia? Resulta que al final, con todo el follón que se ha montado en torno a la piratería, sale más barato pagar por el CD, con su carátula y libreto físico -cuyas canciones además puedes transferir al ordenador y grabar en una copia de seguridad, que para eso se inventaron las grabadoras- que por unos archivos en formato m4p que sólo puedes pagar con tarjeta de crédito y siendo usuario de iTunes Store. Y sí, el iTunes ofrece la oportunidad de comprar canciones sueltas a 0.99… dependiendo de qué canciones. En el mencionado disco de The Cure hay algunas (las más famosas parece ser) que cuestan 1.29, por la cara. (Las canciones del nuevo disco de Muse, por ejemplo, también están a 1.29).
Después de mucho pensarlo, seguiré comprándome CDs hasta que se extingan, siempre que sean más baratos que en iTunes o, como mucho, 2 ó 3 euros más caros (por aquello de los costes de distribución, la impresión a color… en fin, esas cosas). No sólo por el gusto de pagar por recibir un objeto tangible a cambio, sino por el coleccionismo y la seguridad que da tener la música en un soporte físico que durará para siempre… o no.
But tonight, tonight
Estreno de U2 en Norteamérica, en el Soldier Field Stadium de Chicago.



Sabemos que tienen preparada Your Blue Room para tocarla con los chicos de la Estación Espacial Internacional. Pero, ¿qué más tocarán? ¿Incluirán nuevas canciones al setlist? ¿O seguirán el guión de la primera manga europea? ¿Para cuándo el nuevo personaje de Bono?
Y no, Your Blue Room NO es una canción del próximo álbum de U2, Songs Of Ascent.
Zechs Marquise
Una prueba más de la buena cantera de músicos que tiene El Paso, Texas, lugar de donde proviene uno de mis grupos favoritos (y al que dediqué un extenso reportaje hace unos meses). Zechs Marquise, de hecho, tiene entre sus filas a los dos hermanos de Omar Rodríguez-López, guitarrista de The Mars Volta: Marfred, bajista, y Marcel a la batería -quien también acompaña con la percusión a la banda de su hermano… qué lío-. Los otros dos son los guitarristas Marcos Smith y Matthew Wilkson. A ellos también les gustan las referencias culturales: Zechs Marquise es el nombre de un personaje del anime japonés Mobile Suit Gundam Wing. Comenzaron a tocar por locales de Estados Unidos en 2004 y en 2007 grabaron su LP de estudio Our Delicate Stranded Nightmare, donde abordan sonidos experimentales, dub, reggae y electrónica.
Zechs Marquise es un gran ejemplo de cómo se puede hacer música instrumental atractiva y adictiva, sin resultar demasiado monótona. Este verano han estado de gira con Rx Bandits y los geniales Dredg, que también han estrenado disco hace poco (aunque Catch Without Arms sigue siendo insuperable).
Good Bye, CD!
Es cierto aquello de que las revoluciones de la comunicación conducen a revoluciones sociales. La última y más candente es la que está relacionada con la “piratería” y sus efectos sobre la industria del entretenimiento, de la que tantas y tan variopintas verdades a medias, engaños y predicciones hemos leído o escuchado. Ahora se reabre el debate con la propuesta, por un lado, de Apple y, por otro, del triunvirato Sony – Warner – Universal – EMI para desarrollar un nuevo formato enteramente digital que, junto a las canciones del “álbum” (que ya no se llamaría así, paradójicamente), ofrecería fotografías, artwork, vídeos con entrevistas y actuaciones musicales, letras de las canciones, contenido para móviles, etc. El de los cuatro gigantes se llamaría CMX, el de Apple todavía es una incógnita. De hecho, U2 ha anunciado -a través de su técnico de sonido Sam O’Sullivan- que su próximo disco “Songs Of Ascent” saldrá al mercado a finales de 2009 / principios de 2010 en este formato, siendo uno de los pioneros.
Lo gracioso de las nuevas tecnologías es que las multinacionales
lo planean todo para imponerlas a través de nosotros, los usuarios, para que luego parezca que “el CD mató al vinilo”, cuando en realidad lo mataron ellos mismos, dejándolo de distribuir, dejando de hacerle publicidad, obligando a los grupos a sacar sus trabajos en CD, etc. Ellos lo colocan en el mercado y nosotros le damos el golpe de gracia, nos obligan a abandonar las viejas costumbres por una simple cuestión de falta de oferta. En MeriStation hace poco publicaron una noticia alabando los resultados de la nueva fórmula de descargas digitales de videojuegos, viniendo a decir que la respuesta por parte del público estaba siendo excelente y que cada vez más gente optaba por la compra on-line en lugar del formato físico. En el foro un usuario matizó muy convenientemente diciendo que “cada vez más gente era obligada a la compra online en lugar del formato físico… simplemente porque no existe ese juego en otro formato”.
Frente a la caída vertiginosa del compact-disc, las cifras de venta de singles digitales vía iTunes han abierto los ojos a las obtusas multinacionales, que por fin se han dado cuenta de que Internet no es enemigo de nadie. El CD ha dejado de tener valor añadido, por lo tanto ya no es necesario para poder disfrutar de las mismas canciones por menos dinero o mejor, de las canciones que nosotros queramos tener (se acabó eso de tener que comprar un recopilatorio de 22 euros para poder escuchar las dos únicas canciones inéditas que trae). Mención especial se merece el tema del booklet, aquel libreto nostálgico que nos llama al recuerdo de las horas que pasamos leyendo las letras impresas de las canciones o viendo fotos de nuestro grupo favorito.
El libreto del álbum “Pop” de U2 (1997) lo tengo con los bordes completamente destrozados de todas las veces que lo he metido y sacado para sentarme a leer las letras mientras de fondo sonaba la música y, en los tiempos instrumentales, pasar las páginas en busca de fotografías y artwork de gran calidad. Sin acceso a Internet, las únicas formas de ver a una banda internacional eran las ocasionales entrevistas o reportajes en revistas, las escasísimas apariciones en televisión y el ansiado concierto en VHS de la última gira. Igual ocurre con las letras, cuyo único canal existente era el famoso booklet. Hoy en día, ¿quién se sienta a leer un libreto? ¿Quién lo valora? Las letras están disponibles en miles de páginas web incluso semanas antes del lanzamiento del disco. Asimismo, buscadores como Google o Bing ofrecen documentación gráfica suficiente de cualquier grupo, o si no existen galerías muy buenas en páginas como Last.fm.
Sobre el posible nuevo formato CMX ya hay quien se ha pronunciado y tachado inconvenientes: instalación de nuevo software para ejecutar la aplicación, uso exclusivo en el ordenador (lo interesante aquí sería que el programa diese la posibilidad de grabar las canciones en un CD o dispositivo mp3, pero entonces volveríamos a toparnos con el problema de la “piratería”), exclusividad de reproductores de audio (¿el formato de Apple sólo funcionaría en iTunes, por ejemplo?).
En fin, que a los únicos que parece irles mejor que antes con Internet es a los sellos independientes y las empresas pequeñas. La democratización de la cultura ha supuesto que muchísimos sellos discográficos discretos y con pocas ambiciones de mercado, así como grupos que empiezan o que son menos conocidos mundialmente, tengan las mismas oportunidades que los demás. Es curioso cómo los que más venden en iTunes son los artistas y grupos consolidados, mientras que la venta de álbumes completos la lideran ahora grupos como Thrice o Cobra Starship en Estados Unidos.
United States of Eurasia + Collateral Damage
Mucho se ha criticado en las últimas semanas al primer single disponible del próximo álbum de Muse “The Resistance”. En general, he leído opiniones de todo tipo, pero la mayoría coincidía en que no había gustado. Yo, que no quería saber nada del nuevo disco hasta que saliese a la venta, al final he cedido ante el exceso de información al que estamos sometidos por Internet, la radio, etc. Tras un par de escuchas, confirmo la influencia notable que Queen ha ejercido en el último trabajo del trío de Devon aunque, por otra parte, es un sendero que Muse tarde o temprano iba a recorrer: el del rock sinfónico. Además, si Muse ya se parecía a Queen desde hace años. Lo que pasa es que ahora hay un par de momentos puntuales en que suenan unos coros que parecen grabados por Freddie Mercury; pero nada más. Para mí, la canción es acertada, pero no como single. Tiene un buen comienzo y un buen final, pero no tiene un estribillo que enganche. Es un Take a Bow remasterizado, y que conste que éste es uno de mis temas favoritos del Black Holes & Revelations, pero se esperaba algo más pegadizo como carta de presentación de un nuevo LP.
Me gusta Queen, mucho. Así que confío en que me gustará lo nuevo de Muse. No es el Muse de Origin Of Symmetry, desde luego, pero es que nunca lloverá a gusto de todos: si repiten la misma fórmula, que si se están estancando…, si innovan, que si son irreconocibles… ¿Qué queremos? Démosles la oportunidad de probar y equivocarse. Aunque el sonido cambie, el estilo ‘musero’ permanecerá latente, y eso es lo importante (que no les ocurra como a Dover que, por querer innovar, se pasaron de frenada…).
El tema en cuestión:
El setlist de U2 cobra vida
Justo después de los conciertos de la gira de U2 360º Tour en Barcelona y Milán, los organizadores del setlist (que desconozco si son únicamente los miembros de la banda o están asesorados por alguien de confianza, como Paul McGuiness) comenzaron a mover, incluir y excluir canciones, como piezas de un rompecabezas con múltiples soluciones. Es lo que ocurre cuando tienes más de una docena de discos a tus espaldas, con tal variedad de estilos: que es casi imposible dar con una fórmula que guste a todos por igual.
La primera aparición sorpresa fue la de Stuck in a Moment You Can’t Get Out Of, segundo corte de All That You Can’t Leave Behind, disco del que hasta la fecha sólo habían tocado Beautiful Day e In a Little While. Fue una versión acústica, nada que ver con la estándar que sonó en la gira Elevation Tour. A continuación se pudo escuchar por primera vez, en el Stade de France de París, el clásico Mysterious Ways, una canción idónea si lo que se pretende es despejar las dudas sobre la capacidad de hacer bailar al público en los directos. Sin embargo, diré que la versión que tocaron se asemejaba más a la de Elevation Tour, mucho más “light” y menos apoteósica que la interpretada al final de PopMart (para mí, la versión perfecta). En Berlín hubo una grata sorpresa de la mano de Stay (Faraway, So Close!), el primer tema de Zooropa que se ha dejado caer (ya sólo falta estrenar Pop, October y Boy), pero tras la marcha del grupo de la capital alemana, el que fuese tercer single del álbum ha vuelto a desaparecer. Parece que fue más un guiño a la ciudad que otra cosa (el videoclip de la canción está ambientado en la ciudad berlinesa. Asimismo, el tema se compuso para la banda sonora de la película de Wim Wenders “¡Tan lejos, tan cerca!”, secuela de “El cielo sobre Berlín”).
Pero donde más cambios hemos visto ha sido en la segunda fecha en Amsterdam. Para empezar, han subido One del habitual puesto número 20 al 9. ¿Síntomas de que quieren hacer menos pesada la recta final del concierto? Quizá. Sigo pensando que el conjunto One – Ultraviolet – With or Without You – Moment of Surrender era suficientemente lento como para dejar un mal sabor de boca justo al final. Así, One se sitúa justo entre Stuck in a Moment… y Until the End of the World, otro de los grandes ‘hits’ de la banda que estaba tardando en sonar (y que eché muy en falta en Barcelona). Los últimos temas son ahora Where the Streets…, 40″, Bad (sensacional canción que se estrena igualmente en esta gira), Ultraviolet, etc. Por si fuera poco, han añadido Elevation después de Beautiful Day, quizá con la misma razón de querer darle un poco más de vidilla al concierto. Pero claro, tantas inclusiones a la fuerza requieren algunos sacrificios. Los temas que han caído han sido Unknown Caller (inexplicablemente, sonaba de escándalo), The Unforgettable Fire y, atención, I Still Haven’t Found What I’m Looking For. ¿Demuestra esto que U2 es capaz de prescindir de algunos de sus grandes clásicos, obligados por el público hasta la fecha? Puede que una noche veamos caer a Pride.
Diez canciones para una fiesta
La música es un aspecto fundamental de cualquier fiesta que se precie y ha de ser cuidado con especial atención. Dependiendo del estilo, de la organización y de los asistentes pondremos una u otra. Puede ser que tengamos entre manos una fiesta en plan años 70, rollo indie, techno, discotequera o -Dios no lo quiera- pachanguera, para lo cual la mejor elección será el Disco Estrella o el Ibiza Mix (¿los siguen publicando?). Para cualquiera de los otros supuestos, puede que os venga bien alguna de mis selecciones personales que, en mi humilde opinión, definirán una fiesta con clase y estilo. He escogido diez solamente, sin orden preferencial (no me ha funcionado el truquito del Goear, así que pongo los links directos para que podáis escuchar las canciones):
Franz Ferdinand – No You Girls
Arctic Monkeys – I Bet You Look Good on the Dancefloor
Gorillaz – Feel Good Inc.
Fatboy Slim – Praise You
Jamiroquai – Canned Heat (el que no se mueva con esto es que no tiene sangre en las venas)
Daft Punk – Harder, Better, Faster, Stronger / One More Time
Panic! At The Disco – Time to Dance
Phoenix – Too Young
Fatboy Slim – Gangster Tripping
Mirwais – Disco Science
Post dedicado a: Esteban ;)
The Resistance: la prueba de fuego
Aunque a estas alturas todo el mundo lo sabrá ya, Muse ha anunciado que el 14 de septiembre será el día del estreno mundial de su nuevo disco “The Resistance”, quinto de estudio y séptimo si contamos los dos recopilatorios en directo.
También se ha confirmado el título de una de las canciones que contendrá el álbum: United States of Eurasia… muy orwelliano. Tengo muchas esperanzas depositadas en este disco por dos razones: la primera, porque ayer compré la entrada para el concierto del 28 de noviembre en Madrid (40 €) y me fastidia la manía (llamémosla también “estrategia de marketing”) que han cogido algunos grupos de sacar las entradas a la venta mucho antes que el disco, con lo cual te arriesgas a que el disco sea flojo y malgastar el dinero, o a esperar hasta la fecha de salida, que las entradas se agoten y quedarte con la cara de tonto.
Segundo, porque el anterior Black Holes And Revelations no llegó a convencerme del todo. No voy a entrar en comparaciones absurdas entre el Origin Of Symmetry y éste, o en ver si uno es más experimental y el otro más comercial, porque no llevan a ningún sitio. Simplemente voy a decir que el Black Holes no me pareció un álbum redondo y que Muse puede ofrecer mucho más que 11 canciones más que aceptables. Aislado de los anteriores, que es como intento escuchar cada nuevo disco de un grupo, sí me parece bastante bueno (Take a Bow, Knights of Cydonia, Map of the Problematique, Starlight…), pero al lado de los anteriores no destaca especialmente. De hecho, desde 2006 he dejado un poco de lado al trío de Devon, quizá porque me choca que se hayan vuelto “de repente” unas súper estrellitas del rock, que muchas veces se preocupan más de llamar la atención con unos atuendos descaradamente horteras y llamativos y unos peinados modernos para atraer a la masa adolescente que en caer en la cuenta de que no se pueden quedar dormidos en la cima. Ahora no.
Queremos ver de nuevo estas travesuras al final de un concierto…
The Mars Volta: Historia de un viaje
The Mars Volta (Mars: Marte.- Volta: un término acuñado por Federico Fellini para un “cambio de escena”) es un proyecto musical germinado gracias a la ilusión y las ganas de hacer algo “realmente nuevo” y que se saliese de los estándares musicales. Nació, como todos los fans sabrán, de los últimos coletazos de vida de At The Drive-In, aunque lo más parecido a TMV es un grupo llamado DeFacto que formaron paralelamente Cedric Bixler-Zavala y Omar Rodríguez-López, junto al teclista Isaiah Ikey Owens, el manipulador de sonido Jeremy Michael Ward y el guitarrista John Frusciante.
No fue hasta la incorporación de una bajista en sus filas, Eva Gardner, que DeFacto se convirtió en The Mars Volta, algo completamente nuevo y que satisfaría los deseos creativos más irreverentes de Cedric y Omar, cansados de los ritmos progresivos y los ambientes en los que se movían sus compañeros de At The Drive-In (según confesaron ambos, mientras que los demás miembros acudían a fiestas salvajes después de los conciertos, ellos iban a bailes de salsa, aunque habría que ver cuán inocentes eran estas quedadas). The Mars Volta se formó, en fin, a través del contacto con numerosos músicos internacionales de altísimo nivel pero poco reconocidos mundialmente:
Isaiah fue fichado por Cedric tras un concierto de hip-hop, Jon Theodore era un joven baterista que había estudiado el Voodoo drumming en Haití y que tocó con la banda desde sus inicios en 2001 hasta 2006, Juan Alderete de la Peña, proveniente de una familia con tradición musical (y especialmente cultivado en el jazz), se unió a la banda en 2004 tras una audición, al igual que Adrián Terrazas-González, experimentado músico mexicano de instrumentos de viento tales como el saxo tenor, la flauta andina o el clarinete.
La formación en sí, aunque haya alcanzado recientemente el número de 8 miembros sobre el escenario en las actuaciones, realmente es 50% Omar y 50% Cedric. Es decir, las canciones las componen entre los dos: Cedric se encarga de las letras y las melodías de voz, mientras que Omar escribe guitarras y, según tengo entendido, bajo y batería. Las composiciones pasan a ser interpretadas luego por The Mars Volta Group aunque, generalmente, cuando hablamos de TMV nos referimos al conjunto de los 8 músicos.
Etiquetar a TMV dentro de un estilo, aunque suene a tópico, es francamente difícil, e iría en contra de los ideales de los de El Paso. Así y todo, podemos aventurarnos a decir que se acerca a un rock decididamente experimental, progresivo, con influencias que van desde el jazz, la salsa y el dub. The Mars Volta son también muy dados a las canciones largas; así, si tuviésemos que establecer una media por tema, saldrían unos siete u ocho minutos aproximadamente. Esto, de entrada, supone una barrera musical importante para los iniciados, unida al singular tono de voz con el que canta Cedric (melismático y especialmente agudo, con múltiples voces al unísono), solos de guitarra indescifrables y letras crípticas, enigmáticas y, sinceramente, siniestras. Para empezar a degustar a este singular grupo, nada mejor que probar con su álbum debut: De-Loused In The Comatorium.
Como muchos de sus trabajos, se trata de un álbum conceptual, basado en la historia en parte ficticia de Cerpin Taxt, un hombre que trata de suicidarse abusando de la morfina, lo cual le conduce a un coma que le lleva a un mundo extrasensorial, agradable en comparación con el mundo real en el que vivimos. Son diez temas de duración asequible, con la resaca aún de At The Drive-In, por lo tanto, su esencia es básicamente rock que, sin llegar a ser progresivo, podría ser hard-rock. Pero es que hablar de rock para TMV es quedarse muy corto. Las melodías que logran, difíciles de escuchar al principio, acaban siendo una delicia. Consiguen ritmos únicos, riffs endiablados que acabarás tarareando inconscientemente. Sus siguientes trabajos (Frances The Mute y Amputechture) sí que ahondan mucho más en los escorzos y la inverosimilitud hasta un grado extremo, apabullante y casi cómico. El primero es una obra con una historia de fondo brutal de asesinatos y traiciones con aires de telenovela sudamericana y que, musicalmente, ofrece 77 minutos divididos en 5 temas (sin contar con la canción Frances the Mute, que no fue incluida en el CD por falta de espacio) que, a su vez, se desglosan en más partes, llegando a crear una de las grandes óperas rock del s. XXI, donde más se hacen notar las influencias latinas (L’Via L’Viaquez es como escuchar a Celia Cruz poseída por el diablo, con todos mis respetos hacia esta increíble mujer) y la entremezcla de idiomas (Cedric baila entre el inglés y el español). Y una de las grandes aportaciones que hacen que este disco sea sencillamente magnífico es la de Jon Theodore, que realiza un papel inconmensurable a la batería, con una versatilidad y un abanico de ritmos envidiables.
Amputechture, por su parte, aunque a primera vista sea un disco mucho más discreto que los anteriores, creo que da al grupo la identidad que andaba buscando desde hacía 4 años. Son “sólo” ocho canciones, sí, pero una de ellas (Tetragrammaton) dura 17 minutos. Es un abuso y derroche de las facultades compositivas de la banda pero, al mismo tiempo, contiene himnos declarados como Viscera Eyes (empleada en la banda sonora de la película El Búfalo de la Noche) y Day of the Baphomets. También aciertan con las baladas, dramáticas y contundentes, como Vermicide. Este disco pone fin a una etapa, una trilogía en la que no participará más Theodore (en parte por intereses profesionales, en parte por roces personales con Omar y compañía) y que dará la bienvenida a un nuevo conjunto, mucho más optimista y seguro de sí mismo, protagonizado por la inclusión del joven Thomas Pridgen a la batería.
The Bedlam In Goliath sale a la luz por fin en 2008 tras dos años de sesiones de grabación que arrastraban una especie de “maldición” (se quedaron sin batería, Cedric fue operado del pie por una lesión, desaparecieron pistas de audio misteriosamente, el estudio casero de Omar se inundó y el ingeniero de sonido sufrió un colapso nervioso). Parecía que no quería nacer, pero finalmente lo hizo: el resultado fue un disco decididamente más abierto y escuchable que los anteriores pero, a la vez, más progresivo y, aunque me duela decirlo, “metalero”. No se sabe si el hecho de cambiar de baterista fue causante de un giro en el estilo del grupo o sencillamente fue anecdótico, pero es innegable que Theodore y Pridgen representan dos formas muy diferentes de tocar: para mí, el primero es mucho más relajado, versátil y original, menos tenso, hasta el sonido de la caja se funde más con el resto de los instrumentos; el segundo es técnicamente superior pero es una pura máquina, todo músculo, sin sentimiento y el volumen de la caja es considerablemente mayor. Para mí no es fácil ser objetivo porque me dolió la marcha de Jon pero… lo reconozco, The Bedlam In Goliath es, en conjunto, un gran disco. Y, por fin, este mes sale a la venta Octahedron, una especie de secuela del Bedlam, con ocho canciones que se alejan aún más de lo que antaño fue TMV. Esta vez la duración del CD apenas llega a los 50 minutos, lo que se traduce en una media de 6′25 por pista. Tras un par de escuchas, se me hace bastante corto. Tiene algunos temas muy destacables, como la impresionante Since We’ve Been Wrong, quizá la mejor canción lenta que han escrito, o Teflon, e incluso Halo of Nembutals, pero poco más. Parece que sirve más como excusa para una nueva gira que como trabajo concienzudo.
Aparte, cabe destacar el álbum en directo Scabdates, el segundo LP oficial de la carrera del grupo, que contiene canciones del De-Loused y otras caras-B como la genial Concertina, el primer single que grabaron para su EP Tremulant, en 2001.
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Con Elevation Tour y Vertigo Tour U2 quiso poner punto y final a la década de desfase y derroche que fueron los 90, y concentrarse en ofrecer conciertos más escuetos, primero en pabellones cubiertos y luego de nuevo en estadios. Para ello, Bono, The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen Jr. se adentraron en una etapa musical mucho más simplista (en el buen sentido), ahondando en sonidos pop y rock casi desnudos, más personales, directos y con menos accesorios que en los discos Achtung Baby, Zooropa y Pop. Esto se tradujo en: una revisión de los clásicos más prehistóricos de la banda (tocando canciones incluso de Boy) y un olvido paulatino de los éxitos de los 90, que empezó con Elevation Tour (aunque aquí todavía tocaban regularmente Until the End of the World, Mysterious Ways, Gone o Staring at the Sun) y que culminó con Vertigo Tour, dando la impresión de que U2 “se avergonzaba” de dos discos en particular: Zooropa y Pop. Habían tomado una decisión: relegar estos dos álbumes y apostar por una fórmula musical y un estilo que llevan perfeccionando desde 2000. “Más moña”, dicen algunos; “menos cañero”, aseguran otros. En cualquier caso, la decisión es de la banda, que puede hacer con sus canciones lo que quiera, pero no se comprende esta actitud, sobre todo cuando en esta etapa (la que va desde finales de los 80 hasta el nuevo milenio) hay tantos y tan buenos temazos, desconocidos por la inmensa mayoría.


