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Un adicto a las V.O.
Al principio las rechazaba, luego me molestaban y ahora no puedo vivir sin ellas. Son las versiones originales (V.O.) de las películas y series que vienen del extranjero, ya sea de Estados Unidos, Francia o la India. ¿Por qué se sigue manteniendo esta costumbre en algunos países europeos, entre ellos España -aparte de otros como Italia y Alemania-? Por el ‘cash’, sin duda. Indagando sobre este controvertido tema he ido a parar a un blog vecino de WordPress donde destapaban algunas verdades incómodas sobre este fenómeno que cada vez más detractores encuentra.
En primer lugar, y tras haberlo contrastado, cabe decir que los primeros estudios de doblaje inaugurados en nuestro país no son de la etapa franquista, como se suele pensar, sino de la II República (período que abarca desde el 14 de abril de 1931 hasta el 1 de abril de 1939): los estudios T.R.E.C.E. (1932) y Fono España (1933), con los pioneros del doblaje Hugo Donarelli y Salvador Arias quien, en una entrevista concedida en 2004, afirmó que “en los años treinta ya se habían hecho unos leves ensayos grabados, unas seis o siete películas, con actores españoles procedentes de Joan Ville, al lado de París, donde los americanos tenían unos estudios; también en Italia se habían doblado algunas películas. Pero, al finalizar la guerra en 1940 ó 1941, entró en vigor el decreto de Franco que prohibía ver las versiones originales”. Sin embargo, pese a que la mayoría de historiadores coinciden en este aspecto, detractores como Rafael de España, del Centro de Investigaciones Film-Historia de la Universidad de Barcelona, aseguran que “este enigmático decreto verbal no se publicó en el BOE ni en ningún papel oficial. La fecha que se da habitualmente, la del 23 de abril de 1941, se sabe precisamente porque la citan, esta vez sí en el BOE, el 25 de enero de 1947, para notificar que la orden había sido abolida”. Sostiene, además, que “el 14 de julio de 1955, en una orden sobre importación de películas, el Ministerio contempla claramente la posibilidad de exhibirlas en versión doblada o directa con subtítulos”.
Pero mi intención no es para nada política, sino de crítica hacia un sistema que, si bien no es censor, sí es en gran parte “manipulador”. Librándola de la carga peyorativa que sostiene, la palabra manipulación nos conduce a cualquier forma de manejar cosas y modificarlas, con o sin pretensión de ello. Como es imposible no manipular, una película o serie que sea doblada como poco está siendo trastocada, llegando a recibir nosotros, como público, algo que refleja con mayor o menor acierto el significado original, pero que nunca será el original. No olvidemos nunca que la voz de un actor es el 50% de su interpretación (el tono, el volumen, la agresividad, etc.). Por no hablar, sencillamente, ¡de que es su voz! Creo que un actor tiene derecho a que se respete su voz original. Es cierto que en España tenemos unos excelentes dobladores pero que, por muy buen trabajo que hagan, nunca llegarán al nivel del original. Tan sólo invito a cualquiera que quiera comprobarlo a que escuche la voz de Terry O’Quinn (John Locke), Michael C. Hall (Dexter), Peter Krause, Rachel Griffiths o cualquier actor de Hollywood. La emoción y la expresividad que transmiten nunca podrá ser alcanzada por el mejor doblador español. Lo siento, pero es así.
Por no hablar del hecho de que están modificando y alterando la obra de un autor por cuestiones puramente económicas. Viene a ser lo mismo que si cogemos una canción de Michael Jackson y la doblamos al español porque no comprendemos lo que dice. Oiga usted, para eso están los libretos e Internet. Sé que suena rara la comparación, pero estrictamente es lo mismo: doblar las voces de una obra (cine, música) para ajustarlas al idioma del país donde se va a distribuir.
No sé cómo estará la cosa en Madrid o Barcelona, pero en Sevilla apenas hay unos pocos cines que subsisten como pueden con las pocas ayudas que reciben y que, por su propia política, suelen proyectar cine de autor o menos comercial. Total, que si quiero ver ‘Gamer’ este fin de semana voy a tener que tragarme a Michael C. Hall en español… Creo que, por lógica, todas las películas en España deberían poder verse en V.O. en casi cualquier cine. Y luego, los que quieran que doblen las más taquilleras y las que estén dirigidas a un público infantil. Quieren que los niños aprendan inglés desde pequeños, pero están casi obligados a ver todas las películas en español, con lo beneficioso que sería para ellos acostumbrar el oído desde edades tempranas.
Lo que está claro es que si lo pruebas estás perdido. Una vez que uno se ha acostumbrado a ver el cine y las series en versión original (igual que el anime en japonés, por Dios), se vuelve adicto y no puede soportar una versión doblada. A ver si sacamos más provecho de ese botón misterioso del menú del DVD que pone “Idiomas”, señores.
La casa: por los cimientos
Anoche tuve la fortuna de poder asistir al preestreno del cortometraje “La Mascarada”, que codirige mi amigo Manuel Broullón y que ha sido presentado hoy oficialmente en el ciclo de cortos 2009 de la Facultad de Comunicación (con una gran acogida, seguro).
A la salida, estuve hablando con él sobre lo acertado de escoger una trama sencilla, que no significa ni mucho menos que no haya supuesto esfuerzo construirla desde cero. Me refiero a irse a lo que puede resultar más cercano para un público inexperto (como somos la mayoría), para no agobiarlo ni aburrirlo con imágenes introspectivas y filosóficas ni, por supuesto, tratar de inventar la rueda, cuando ésta ya ha sido inventada por otros hace tiempo. Me llama la atención que la gente tenga la oportunidad de contar una historia que no puede exceder de los 10 minutos y, en vez de tirar de acción, comience a divagar en busca del significado de la vida, con usos de cámara que no vienen en el manual, sino que se hacen “por innovar”, con aires de alternativismo y, por qué no decirlo, algo de chulería.
Quizá sea porque hoy en día las facilidades para acceder a una cámara, un micro o un estudio de grabación son infinitamente superiores a las de hace 50 años, la gente se olvida de la base teórica y lucha por salirse de la norma, aunque el resultado, técnicamente hablando, acabe siendo deficiente. Estoy seguro de que los grandes genios del cine o la fotografía del s. XX comenzaron pringando en base a “lo que venía en el libro”, a lo que se enseñaba en la escuela. No se puede innovar sin antes conocer las bases. Si no, corres el riesgo de caer en la pedantería. Y con esto no digo, ni mucho menos, que uno no arriesgue. Simplemente me ciño a que la sencillez es un arte, que más vale un trabajo correctamente hecho que uno que, por desconocimiento, se vaya por las ramas y termine en un trabajo excesivamente filosófico, con imágenes oníricas y altamente soporífero. Y no, no me vale la excusa de que el director es un incomprendido.
Invertir en calidad
Las ayudas al cine español aumentarán este año en 8′6 millones de euros, que se suman a los 88 que ya había prometidos. Dejando al margen la consabida coletilla de que estamos en tiempos de crisis -cada ministerio sabrá mejor que yo cómo administrar las cuentas públicas, al menos ese es su trabajo-, me pregunto si es necesaria tanta inversión en cine patrio. Desde luego, si yo mañana escribiese un guión, me encantaría ser el primero al que le concediesen una ayuda para financiar el proyecto, o que me comprase la idea una productora (aunque fuese Antena 3 Films), pero sigo preguntándome si el público responde proporcionalmente al dinero gastado por todos. Dicho de otra forma, ¿dónde empieza el círculo? ¿Se ofrecen más ayudas porque el público no responde, o el público no responde independientemente de cuánto se invierta en cine? Por otra parte, ¿una mayor inversión se traduce luego en mayor variedad de contenidos, o simplemente más presupuesto para las ideas de siempre?
Quizá la clave esté en dejar de tratar el cine como un arte, y empezar a comprenderlo como lo que es: una industria. O, me explico: una película, una canción o un libro es arte hasta que llega el momento de distribuirlo, entonces hay que hundirse en un charco muy profundo y del que, por ahora, no hay por donde escapar (hasta que encontremos otra fórmula y rompamos las barreras de la industria cultural). No voy a ponerme a comparar el cine español con el norteamericano (aunque lo haría encantado), entre otras cosas porque en EEUU hacen mucha más basura de la que deberían con tanto talento y dinero pero, por ejemplo, en materia de series de TV, el nivel ha subido increíblemente en los últimos años: me hace muchísima gracia, y a la vez me da pena, el autobombo que se trae continuamente A3 tratando de colarnos las series que financian (lo peor de todo es que se las cuelan a la mayoría, los tíos). Los Hombres de Paco, Física o Química (a la que dedicaría un post entero gustosamente), La Chica de Ayer… Y ¡ojo!, no hablo de contenidos en este caso (al fin y al cabo es una empresa privada y puede vender lo que le dé la gana), sino de formas. Los mismos chistes una y otra vez, los mismos tópicos, los mismos “gags”, estereotipos manidos del español ibérico, la estudiante maciza que sigue en bachiller con 25 años, el guapito sacado de la farándula o pasarela de turno, las alusiones a chistes que están de moda, etc. Y, cómo no, la música… El día que escuche una banda sonora de verdad en una serie española, algo habrá cambiado. O el día que vea una promo como las que hacen en otros países con Lost o House, mucho habrá mejorado el panorama.
Y, de nuevo, la búsqueda del comienzo del círculo vicioso: ¿nos ofrecen lo que queremos, o queremos lo que nos ofrecen? Yo, por mi parte, lo tengo bien claro.
Lo más esperado
Entre el segundo semestre de 2009 y el próximo año hay una serie de fechas clave que tendría marcadas en mi calendario, si tuviese uno. He aquí mi pequeña lista de los 5 momentos que espero con más ganas:
5º. Nuevo disco de Muse: Poco se sabe de él, salvo que Matt Bellamy y compañía quieren tenerlo listo para finales de año. También se ha dicho que “puede sonar a cualquier cosa, desde electrónica a música clásica” y que “puede contener piezas muy largas, casi sinfónicas”. No sólo espero con ganas este álbum (el anterior, Black Holes And Revelations me dejó un poco tibio), sino un DVD que han prometido para este año y, por supuesto, la nueva gira.
4º. Los Sims 3: Lo admito, soy un jugón de Los Sims. Desde el primero que salió en el año 2000, he pasado muchas horas de mi vida jugando con la vida de otros. Ideal para las largas tardes de verano que se avecinan (después de los exámenes…).
3º. Película de Ubik: Muy poca información tenemos sobre la futura adaptación de la novela de Philip K. Dick al cine. Tan sólo, y ciñéndome a lo que pone en IMDB, que está prevista para 2010. También he leído en otros sitios que la hija de Dick estará en la producción, lo cual (de ser cierto) asegura un mínimo de diligencia profesional. Vale, de todas las cosas de la lista ésta es la menos probable, tanto como mirar al cielo y esperar a ver llover en el desierto, ¡pero confío en la magia del cine!
2º. 6ª temporada de Lost: No sólo para que acabe la serie ya, sino para conocer todos los misterios que aún nos mantienen en vilo. ¿Quién es Jacob? ¿Qué ha sido de Claire? ¿Qué ocurrirá con los losties? ¿Se quedará Locke en la Isla? ¿Acosó sexualmente Henry Ian Cusick a Chelsea Stone?, etc.
1º. U2 360º Tour Barcelona: Segunda fecha de la gira, cuarto concierto de la banda al que asistiré, segundo en el Camp Nou, el mayor espectáculo audiovisual que se puede ver hoy en día.
Reflexiones sobre la piratería
A raíz de un reportaje de Gabriela Cañas en El País Digital titulado “¿Se acaba el chollo de las descargas gratis?“, he pensado en exponer y, de paso, ordenar algunos de mis pensamientos a propósito de las descargas de contenidos culturales a través de Internet, sin mayor intención que presentarlas para quien pueda interesarles, nada de sentar cátedra sobre el asunto, que bastante miga tiene ya.
- El año pasado Mike Morhaine, presidente y co-fundador de Blizzard Entertainment, una de las más importantes y prestigiosas desarrolladoras de videojuegos, declaró lo siguiente a propósito de la creciente polémica sobre la piratería en el sector: “La piratería debe combatirse con buenos contenidos”. Desde entonces, lo vi claro. Para mí, este señor tiene toda la razón del mundo. Blizzard es una empresa que existe desde 1994 y que se ha mantenido como una de las más reconocidas y serias del mercado con apenas tres o cuatro franquicias. Nada más. Su sello es la profesionalidad y la excelencia. De hecho, nunca sacan al mercado un producto hasta que esté completamente acabado (algo que se podrían aplicar muchísimas empresas que lanzan juegos con miles de ‘bugs’ para luego sacar una docena de actualizaciones). Es más, me atrevería a decir que el PC no ha muerto todavía gracias a World of Warcraft y pocos juegos más (Los Sims, por ejemplo).
- La crisis discográfica: ¿O crisis musical? ¿O son sinónimos? U2 arrolló a cualquier otro grupo o solista español durante los primeros días de puesta en venta de No Line On The Horizon con 80.000 discos vendidos (Disco de Platino, algo que un grupo de pop nacional puede estar persiguiendo durante meses, U2 lo consigue en varios días). En el año 2000, el recopilatorio de The Beatles titulado One vendió 30.000.000 de discos, siendo uno de los álbumes más vendidos de la historia. He puesto dos ejemplos de súper bandas comerciales, pero ahí va otro:
Radiohead puso a la venta su último disco In Rainbows directamente a través de Internet, permitiendo decidir al usuario la cantidad que creía conveniente pagar al grupo por los ficheros en mp3. Con esta estrategia de mercado, el grupo asegura haber ingresado unos 10 millones de dólares. - Un aspecto que creo imprescindible y en el que poca gente cae es que el Compact Disc no tiene valor por sí mismo. Durante los 90 acabó por llegar la crisis del vinilo que ya se veía venir desde hacía tiempo, pero no porque el vinilo perdiese valor para el comprador, sino porque se introdujo un intruso que le hizo la competencia directa tanto en comodidad, opciones de reproducción, diseño y, en teoría, calidad de sonido. Sin embargo, todos sabemos que el disco de vinilo tradicional está viviendo una nueva época dorada (bastante más discreta que la primera, pero bueno), porque hay ciertos sectores de la sociedad que prefieren tener una colección de álbumes de este material, que tienen un valor real, antes que una montaña de CDs que le cuestan al fabricante 10 céntimos y luego lo venden por 12, 15 ó 20 euros. De hecho, Radiohead vendió 25.800 copias de In Rainbows en vinilo el año pasado (una de las cuales tengo yo), seguido de otros grupos como Guns N’ Roses o Pink Floyd.
- Hay una máxima en la vida y es que nada dura eternamente. Las exigencias del mercado varían constantemente y comprendo que las discográficas no quieran deshacerse de su gallina de los huevos de oro, pero ha llegado el momento de dejar de tomar por tonto al comprador y rendirse a la evidencia: uno no va a pagar por un material de poca calidad que puede adquirirse gratuitamente por otros medios. ¡Ojo!: de poca calidad. A mí me dan a elegir entre comprar un disco de Van Morrison por 6 euros y descargármelo de Internet y no lo dudo ni un segundo: lo compro. 6 euros, 8, incluso 10, pero no más santo Tomás.
- Hay que tener en cuenta que la cultura no es un bien de primera necesidad. Si los Gobiernos hacen todo lo posible por eliminar de raíz un “problema” (redes p2p) que ellos mismos han permitido durante años, estoy seguro de que la gente no va a volver a pagar 20 euros por un disco o 18 por un DVD. Nos han vuelto demasiado cómodos, se siente. Que no tengan la menor duda en que preferiremos quedarnos sin escuchar música o ver cine antes que volver a pagar una pasta gansa (si es un precio razonable sí, yo el primero). Es decir, no creo que la solución consista en dar marcha atrás, sino en encontrar nuevas vías y un futuro en el que Internet y los contenidos culturales puedan convivir, a la vez que se reduce el precio y se ofrecen contenidos de calidad.
- Igual ocurre con las salas de cine. No se puede tratar de motivar a la gente a pagar 6 euros por una entrada ofreciendo al mismo tiempo equipos Home Cinema a bajo precio. Y reproductores multimedia que leen Divx. La gente prefiere descargarse la última de Indiana Jones y verla cómodamente en el sofá de su casa, sin tener que coger el coche, aparcar, hacer colas, aguantar a los niñatos en la sala…, para un tostón de hora y media. ¿Por qué no se utilizan las nuevas tecnologías para darle matarile a las salas de cine -por mucho que nos duela, a mí el primero que voy una o dos veces al mes, aunque sea para ver infamias como La Lista- y se implantan servicios de compra on-line de estrenos de cartelera directamente desde el televisor? Unir el mítico videoclub, las descargas digitales y el servicio de compra de estrenos de cine que usa el Satélite Digital pero de manera definitiva y universalizada. Quizá el futuro sea finiquitar el soporte físico y aún no queremos asumirlo.
- Por lo que no paso es que el problema del cine español -y de la cultura nacional en general- sean las descargas ilegales. Si me pusiese a comparar contenidos en cine, música y series de televisión entre Estados Unidos y España tendría que crear otro post y no tengo ganas. Pero me hacen gracia expresiones como “fuga de cerebros” o “cine como arte, no como industria”. Jeje.
En materia de videojuegos, la situación ya es de risa. Juegos nuevos (en nuestro país) a 50, 60 y 70 euros por norma. Defender que 70 euros por un Fallout 3 es justo es sencillamente demencial, pero todavía tiene un pase si lo comparamos con esto: Broken Sword – La Leyenda de los Templarios a 59.95 €. Sí, señores. Una adaptación de un juego de 1996, que en PC cuesta de primera mano unos 6 euros, por el que te clavan tranquilamente 60 pavos. Pero de buen rollo, oiga. Claro, después el españolito de turno con su sueldo de mileurista tira de importación (perfectamente legal) y de segunda mano (ídem) en el Cash Converters de la esquina, y a la mañana siguiente lee que se están tomando medidas para controlar la venta de segunda mano, porque es la causante de que el Imagina Ser… de turno tenga pérdidas insostenibles. Manda huevos.- David Bravo, abogado de 31 años especializado en propiedad intelectual y derecho informático, afirma lo siguiente: “El problema es que la industria es muy lenta. Tiene que darse cuenta de que esto es imparable y que su modelo de negocio debe cambiar”. Y continúa El País: “¿Hacia dónde? Hacia modelos que están funcionando bien y ganan dinero, como Google o iTunes, declaran algunos”. Estoy completamente de acuerdo. Youtube permite reproducir imágenes con copyright (aunque muy de vez en cuando se retiran algunas) porque, imagino, compensará a las multinacionales gracias a los millonarios ingresos por publicidad que percibe diariamente.
- Se trata, en definitiva, de democratizar la cultura, que no es lo mismo que regalarla. No defiendo ni creo que la piratería deba permitirse, porque la música o el cine son servicios por los que hay que pagar. Escudarse en los precios abusivos es sólo una manera de evitar reconocer el delito, es sólo la razón por la que muchos ejercen la piratería, pero en ningún caso es la justificación. Pero creo que hemos llegado a un punto en el que no pueden mantenerse las mismas pautas de distribución de estos productos culturales (porque creo que el problema está ahí, en la distribución, no en la producción). Es por culpa de la distribución por la que te cobran 24 euros por un DVD de estreno. Si cambiamos la forma de mercado, encontraremos una solución al problema.
Descarga lo que puedas
Porque quién sabe si dentro de poco el Ministerio de Cultura comenzará a espiar nuestras cuentas del eMule y el Ares y nos condenará a todos a la cárcel, por piratas, corsarios y sarracenos. He estado un poco desconectado de la actualidad estos días, pero cuando he comenzado a leer en blogs y en prensa digital las reacciones al anuncio de la maravillosa Ángeles González-Sinde(scargas) como nueva ministra de cultura, me he echado a temblar. Esta señora, presidenta de la cosa esa que es la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, amenaza con fulminar las redes de compartición de productos culturales, perfectamente legales y constitucionales en nuestro país, como todos sabemos, siempre que el fin del internauta que accede a la canción o película no sea lucrativo. Lo más gracioso es que la mujer, con supina ignorancia, apunta a estas redes de intercambio de archivos como el problema mayor de que el cine español no triunfe como debiera. Que no es por culpa de la mierda de películas que se hacen en este país que la industria del cine -si es que en España se considera industria, y no todavía un arte- no dé sus frutos, sino de nosotros, los usuarios, que salimos corriendo de clase el día del estreno de Mentiras y Gordas para descargarla y verla en el móvil… sí, eso.
En vez de apostar por la democracia de la cultura en el mundo, como hacen diariamente multinacionales como Youtube y Universal, que han creado el dominio www.vevo.com como un nuevo portal-catálogo de videoclips musicales y que se financiará enteramente con publicidad, en España tendemos irremediablemente a la creación de un Ministerio de la SGAE. Que les den viento fresco.
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