Cada día en la superficie es bueno

¡Atención! Puede contener spoilers.

Anoche vi el que posiblemente sea el mejor episodio de una serie de televisión, al menos de cuantas he conocido (que tampoco es que sean muchas, lo sé). “I’m sorry, I’m Lost” (“Lo siento, estoy perdido”) es el último capítulo de la tercera temporada de A Dos Metros Bajo Tierra, serie que no puedo dejar de recomendar a todo el mundo, porque roza la perfección en todos los aspectos posibles. En su día leí que a partir de la 2ª temporada la calidad de la serie de Alan Ball se disparaba, pero no podía imaginarme que fuese a despuntar tanto con respecto a las anteriores.

Y, viéndola, estoy cada vez más convencido de que la clave de que una serie guste o no -al margen del éxito que consiga, lo cual muchas veces es imprevisible e inexplicable-  es la construcción de los personajes. Más allá del argumento, los actores, la trama o la banda sonora, un personaje atractivo, original, sorprendente y elegante es vital. Esto vale tanto para cine como para televisión, y es importante no descuidar a los secundarios. En ADMBT cada personaje es fascinante, esconde un universo en su interior que el público debe descubrir con el transcurso de los episodios. Imprescindible que el espectador en algún momento se sienta identificado con lo que piensan o hacen o, al menos, que lo apruebe, para que surja la empatía.

Six Feet UnderEn ADMBT la lista de personajes emblemáticos podría ser interminable, pero baste señalar a, en mi opinión, el mejor personaje femenino visto en televisión: Brenda Chenowith, interpretado por Rachel Griffiths (ganadora del Globo de Oro a la mejor actriz de reparto por este papel). Desafiante, extremadamente inteligente (genio a los 6 años, fue sometida a numerosos experimentos psicológicos por parte de psiquiatras que luego escribirían el libro “Charlotte Luz y Oscuridad”, lo cual marcaría su infancia y vida), sincera, intimidante, tiene una relación atípica con sus padres (ambos psiquiatras), a quienes considera falsos y destructivos. Lo que más le ha preocupado siempre ha sido su hermano menor, Billy, que sufre un trastorno maníaco-depresivo y que, en el fondo, está enamorado de ella. Tiende a la infelicidad y huye del compromiso, aunque conocer a Nate le ayudará a cambiar, hasta que comienza a sufrir una adicción que puede costarle su relación.

La infelicidad, aunque se refleje en algunos más que en otros, es una constante en casi todos los personajes que pasan por ADMBT. “Everyday above ground is a good one” (“Cada día en la superficie es bueno”), es la filosofía de la serie de la HBO, que juega con el hecho de poder encontrarse con la muerte de manera inesperada, en cualquier momento y a cualquier hora del día. Disfrutar de cada día como si fuese el último… es lo que tendrá que aprender la familia Fisher, habituada a ocultar siempre sus sentimientos y a no decir lo que piensa, intoxicada por el ambiente funerario en el que han crecido y en el que se mueven todos los días (el único que no está contaminado por esta personalidad retraída es Nate, por haber vivido en Seattle lejos de su familia durante años, aunque todo cambiará cuando regrese por el funeral de su padre).

Ya lo dije en este post en el caso de Perdidos. Una serie hecha por y para friquis, con situaciones absurdas e inverosímiles que, si se salva de caer en el ridículo más estruendoso, es gracias a los John Locke, Benjamin Linus, Desmond Hume, Jack Shephard o Charlie Pace que sustentan la trama. La razón por la que la 5ª temporada falló. Ya veremos qué ocurre con el final de A Dos Metros…, pronto podré decir que es una obra maestra, aunque ya lo pienso.

(Me acabo de hacer un pedazo de spoiler del final de la serie buscando fotos de Brenda en Google… avisados estáis).

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